Resiliencia democrática: entre el mito y la realidad
Chairs
Roberto Gargarella; Indira Latorre; Felipe Rey; Anna Luisa Walter de Santana; Jorge Ernesto Roa Roa
La resiliencia se ha convertido en un término en boga en la teoría política y constitucional, una corriente intelectual que trata de hallar una salida a la crisis que atraviesa la democracia. Importado de la física, el concepto ha sido ensanchado y reconfigurado para abarcar una amplia gama de fenómenos —a veces incomparables, a menudo inconexos— a través de los cuales académicos e instituciones se afanan por frenar la erosión democrática.
No obstante, voces autorizadas cuestionan que la democracia pueda llegar a ser verdaderamente resiliente. En el extremo opuesto, hallamos casos documentados en los que las instituciones —los tribunales, por ejemplo— han resistido con éxito amenazas de primer orden contra los sistemas democráticos. Quienes sostienen que la resiliencia democrática es un mito no son necesariamente cínicos; más bien adoptan una postura realista, asumiendo el colapso de la democracia o los ingentes obstáculos para su reconstrucción.
A la inversa, quienes destacan las historias de éxito no son optimistas ingenuos, sino investigadores pertrechados de evidencia empírica que demuestra que las herramientas institucionales para defender la democracia existen; se trata simplemente de ponerlas en funcionamiento.
Este taller invita a adentrarse en esa tensión. Queremos plantear las preguntas incómodas. Nuestro objetivo es debatir sobre la capacidad de resistencia de la democracia, los fundamentos del realismo político y el potencial para repensar la organización social y política.
Contrastaremos relatos de colapso y resurgimiento, examinaremos fracasos y triunfos, y consideraremos qué instituciones —desde los tribunales hasta las asambleas ciudadanas— podrían reactivar una visión más esperanzadora de la democracia deliberativa.
Convocamos a académicos, profesionales y pensadores críticos a presentar contribuciones que desafíen las premisas establecidas, revelen vulnerabilidades y planteen estrategias innovadoras. Aporten sus estudios de caso, sus provocaciones teóricas y sus audaces análisis tanto de las amenazas como de las defensas. La defensa de la democracia comienza por identificar sus riesgos más sofisticados e imaginar nuevas vías para superarlos.
